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Belgrano nos haría un reproche


Belgrano nos haría un reproche

Reflexiones, por Jack Benoliel. La celebración de los 200 años del primer paso dado por nuestro país hacia la libertad se centró en la exaltación de lo que fue el primer gobierno patrio y el reconocimiento a aquellos paladines de la honra, que entregaron todo de sí por los ideales redentores que nacían para no abandonarlos jamás.
16 de julio 2010·01:00hs

“Renuncio a mi sueldo de vocal de la Primera Junta de Gobierno, porque mis principios así me lo exigen”
Manuel Belgrano

Manuel Belgrnao
Renuncio a mi puesto de vocal

La celebración de los 200 años del primer paso dado por nuestro país hacia la libertad se centró en la exaltación de lo que fue el primer gobierno patrio y el reconocimiento a aquellos paladines de la honra, que entregaron todo de sí por los ideales redentores que nacían para no abandonarlos jamás.

Así, los nombres preclaros de los iniciadores de la inmortal epopeya de la liberación, fueron desfilando en sendos discursos pronunciados en los más variados niveles del país.

He seguido con devoción una lista extensa de alocuciones de las más diversas fuentes, a cargo de reconocidas voces en lo cultural e histórico, en lo profesional e incluso, en lo mediático. Y he comprobado –con asombro y tristeza- una omisión lamentable en torno a una de las figuras más prominentes de la Revolución de Mayo: el general Manuel Belgrano.

Su figura ocupó prácticamente el centro del homenaje patriótico. Y entonces, ¿por qué el reproche del insigne prócer? He aquí la respuesta.

En todas las evocaciones, se mencionó el gesto del creador de la Bandera, cuando destinara los cuarenta mil pesos que le entregaban como premio por sus victorias de Tucumán y Salta, para la construcción de cuatro escuelas de primeras letras. Pero algo se omitió: el texto redactado por Belgrano, que fundamentaba su actitud, entregado conjuntamente con el dinero rechazado. Estas son las palabras que componían ese texto: “Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni se pueden compensar con dinero sin degradarlos. Cuando reflexiono que nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios públicos, que el dinero, o las riquezas; que éstas son un escollo de la virtud que no llega a despreciarlas, y que, adjudicadas en premios no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, haciendo que por principal objeto de sus acciones subroguen el bienestar particular al interés público, sino que también parecen dirigidas a lisonjear una pasión seguramente abominable en el agraciado, he creído propio de mi honor y de los deseos que inflaman por la prosperidad de la Patria, destinar los expresados cuarenta mil pesos, para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras líneas”.

Dice Bartolomé Mitre: “Esta página de Belgrano es tal vez la más hermosa de su vida, porque representa el acto más notable de su fecundo desinterés que se registra en la historia argentina”.

¿Por qué ese silencio? ¿Qué se teme? ¿Acaso que en la actualidad sucede algo –o mucho- de lo que el general Belgrano quiso evitar? En última instancia, sería un llamado de atención para prevenir hechos insanos en la política argentina.

Es de desear que ese silencio no llegue a las escuelas del país; que no se prive a los adolescentes y jóvenes de recibir estas lecciones en plena frescura de sus vidas, cuando los conocimientos –y las enseñanzas- penetran y multiplican los frutos de la siembra educativa.

Es la posteridad –que nos incluye–, la que debe recordarlas y nutrirse de su ejemplo y de su espíritu. Belgrano no nos reclama ser enaltecido con adjetivos; es el país todo quien debe conocerlo y fortalecerse en su ideario. Por eso sirvió a la Patria sin servirse de ella. Aspiraba como premio la solidez del país. A la vez que combatió por sus creencias, derramó a lo largo del surco de su vida, la semilla fecunda de su instrucción y su virtud.

Dijo Belgrano: “Trabajé siempre para mi Patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia”.

¿He abusado de las palabras de Belgrano? Es que “el enanito respetuoso, siempre debe ceder el paso al gigante majestuoso”.

fuente: https://www.lacapital.com.ar/opinion/belgrano-nos-hariacutea-un-reproche-n352157.html

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